Si hay algo que representa el porvenir de nuestro planeta y el anhelo de una vida mejor son los niños y jóvenes. A decir de Juan Pablo II, “la humanidad entera tiene una necesidad imperiosa del testimonio de jóvenes libres y valientes, que se atrevan a andar a contracorriente; si estos aman la verdad y el bien, eso habrá en el mundo”.
Por eso resulta tan trascendental que las nuevas generaciones reciban una educación adecuada, ya que no sólo están más abiertos y propensos a aprender, sino que muchas veces resultan los mejores maestros. ¿Quién se atreve a no cerrar una canilla, a no apagar la luz, a no dejar de fumar cuando un hijo o un nieto lo piden? Son situaciones que incomodan y, al mismo tiempo, nos enorgullecen.
Como sucede con los jóvenes que integran la Patrulla Ecológica de Juan Bautista Alberdi, quienes no sólo promueven la conservación adecuada de la limpieza de la ciudad, sino que además concientizan a sus pares sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente.
El grupo no sólo está capacitado para ejecutar las tareas de desmalezamientos, fumigación, forestación y siembra de plantas, sino también para dictar charlas en escuelas y centros vecinales. “Es una tarea que nos exige compromiso. Los que estamos en esta brigada somos plenamente conscientes de la urgencia de trabajar a favor del cuidado del lugar en que vivimos. Nos da mucha satisfacción ver cómo la gente comienza a cambiar su conducta y ahora nos ayuda en lo que hacemos en las calles, plazas y otros espacios”, comentó uno de sus integrantes.
Esta verdadera “brigada verde” divide sus actividades: un grupo de jóvenes refuerza la tarea de limpieza de la ciudad y otro trabaja en un vivero con el cultivo de plantas autóctonas, las que son luego colocadas en sitios que antes eran vaciaderos clandestinos o permanecían abandonados. El trabajo ha resultado tan efectivo que actualmente, la intendenta de esa ciudad proyecta gestionar la construcción de una planta de tratamiento de residuos urbanos que sirva no solo a ese municipio, sino a las comunas o pueblos de los alrededores.
Se trata, como se ve, de una tarea elogiosa que no sólo merece el apoyo de toda la sociedad, sino que también podría ser replicada por otros municipios de la provincia. Siempre teniendo en cuenta que las nuevas generaciones tienen más conciencia del cuidado de nuestro planeta debido a los programas de educación ambiental que reciben en las escuelas, algo que habría evitado muchos daños si los hubiéramos recibido quienes hoy somos responsables de las actividades que impactan en la Tierra.
En esa etapa de la vida, las enseñanzas se incorporan definitivamente, adquieren trascendencia y, paradójicamente, hacen que jóvenes se transformen en verdaderos maestros. Así se vuelven el mejor instrumento para instalar hábitos saludables dentro de una familia: la palabra o la simple mirada de un joven pueden tener más impacto en una conducta de los padres que a la inversa. Acciones como no derrochar el agua, no arrojar basura en la calle o reciclar son determinantes en cuanto a la adquisición de una cultura. Es cierto que muchas de las pequeñas acciones que esta brigada juvenil realiza pueden carecer de un impacto profundo en el resto de la provincia; sin embargo, lo tienen en dar el ejemplo y en la constancia.
A través de su trabajo, cuestionan a toda la sociedad y la incitan a tomar una postura a favor de la ecología. Porque apreciar el mundo natural y actuar en correspondencia con estos sentimientos contribuye a su cuidado y preservación. Es tan importante pensar en el planeta que les dejamos a las futuras generaciones como pensar en las generaciones que trabajan por nuestro futuro.